Independiente, atrevida, rompedora, provocadora, apasionada, pero ante todo, altiva.
Coco empleó su cabeza para muchísimo más que para lucir sus modelos. Gracias a su sólido conocimiento de la producción, el embalaje y la distribución se coronó como una de las primeras empresarias del siglo XX.
Mientras sus colegas ocultaban los cuerpos, ella desabotonaba cuellos, lucía tobillos y exhibía pantorrillas. Inspiró muchos de sus modelos en diseños masculinos, impulsando así el look andrógino y el uso de pantalones, aunque Coco creía fervientemente en que cuanto más femenina, más fuerte era una mujer y, aunque habló más de feminidad que de feminismo, con su tabajo ayudó a la liberación de las mujeres.
Tres fueron los pilares de su éxito: comodidad, discreción y sencillez. Y todas sus innovaciones, por osadas que pareciesen, tenían una excelente acogida.
"Voy a joder a todas esas mujeres con el negro" exclamó un buen día mientras contemplaba horrorizada los modelitos azules y rosas que lucían las mujeres asistentes a la ópera. Y así creó su famoso vestido negro (el uniforme de la mujer moderna según la revista Vogue) y el color que caracteriza a la firma.

Mientras recibía elogios a diestro y siniestro, fracasaba estrepitosamente en el amor. Idolatrada en lo profesional, perdedora en su vida personal, finalmente murió sóla a los 87 años en el Hotel Ritz de París, como sóla comenzó su vida en el orfanato donde su padre la abandonó.
(Clío)
